Aquellas calles de talleres oxidados,
infectadas de caries y de hipotenusas,
gravillas, mercheros y chaperos
con sabor a siderurgia en los sobacos
dibujados ya por golondrinos tras las sudoraciones.
Aquellas calles marchitadas de ambulantes
y viajantes de chivas
con sifón en la barra americana,
escolares, neumáticos y enfermos de hepatitis C.
Calles tumorosas asistidas por veterinarios,
radiografías mismas de las madres/recipiente,
madres con brazos de forja entre los que se deforman los alevines
violados por los auxilios de los sacristanes.
Sobre aquellas aceras de 43°32′N 5°42′O
florecían los helados y los pederastas,
la barba cerrada del cantábrico
y el campamento violáceo de los seminaristas.
22/10/2009
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2 comentarios:
un saludo le mando, unas gasas, unos puntos quirúrgicos adhesivos y hasta un abrazo en bata verde.
Brindo por esa recalcitrante asepsia. No olvide la mascarilla con pintalabios. Figúrese que el suelo de los mataderos se encuentra pintado de verde.
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